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miércoles, 10 de junio de 2020

¿Se puede ser de izquierdas y patriota? Entrevista a S. Armesilla

Amplio es el debate sobre si la ideología es una forma de pensar, o una forma de sentir. Y me posiciono sin posicionarme: para unos es una cosa y para otros, la contraria. Para aquellos que sobreponen el folclorismo iconodúlico a la consecución de metas, os pongo en advertencia, no será esta una entrevista placentera. No suele ser un pasatiempo gozoso que señalen las estulticias que a uno le son propias. Pero precisamente ese es el trabajo de nuestro entrevistado, el señor Santiago Armesilla. Comunista confeso y orgulloso, explícito y antiposmoderno, a pesar de dedicar su vida a la política, no es un político al uso. Ni parece pretender serlo. Su labor es mucho más profunda e interesante: criticar a la izquierda desde la propia izquierda para guiarla y adecuarla a los tiempos modernos y enfocarla hacia la consecución de sus fines. O como el mismo prosa: "hacer cartografía para los barcos". 

Contradiciendo la lógica de aquellos que se llaman a sí mismos periodistas, Armesilla se encuentra cómodo. No obstante, es menester reconocer la extenuación que provoca su posición: la artillería de la derecha le dispara de frente, a la vez que también se encuentra torpedeado por la artillería que le dispara por retaguardia, desde la izquierda indefinida. Incordiando constructivamente, se pregunta: ¿se puede disponer de ortodoxia sin corpus político explícito? Y se afirma, que 'Sí, se puede'. Nótese la alegoría morada. La izquierda más allá del centro dispone de unos presupuestos ideológicos que por permanecer no escritos, intangibles, alcanzan un poder descomunal. Es esta la suerte de peronismo español al que aspira Podemos, como bien señala Armesilla en "Comprendiendo a Podemos".

En esta entrevista con Santiago Armesilla buscamos ahondar en la historia de España en pos de encontrar definición y hoja de ruta para solucionar el problema territorial enquistado, excesivamente latente en nuestro país. El «Problema de España» que une a los pueblos en una unidad política, como diría Gustavo Bueno. Y a fuerza de hablar de territorialidad, hablamos de gobierno y hablamos de políticas públicas, pues parafraseando a Pérez Royo: "los nacionalismos no tienen fuerza suficiente para independizarse, pero sí tienen fuerza para hacer imposible el funcionamiento democrático del Estado español". 

Santiago Armesilla


P- Argumenta usted en su libro “El marxismo y la cuestión nacional española”, que uno de los elementos de la ausencia de identificación patriótica dentro de la izquierda española fue la carencia de traducciones de los textos marxistas clásicos. Sin embargo, el sentimiento antiespañol está vigorosamente arraigado en el seno de la población tanto marxista-leninista, como de izquierda indefinida. Aparte de la Leyenda Negra de España, ¿qué factores actúan en el presente como inhibidores de un sentimiento patriótico en la izquierda?

R- En mi libro, ”El marxismo y la cuestión nacional española”, señalo que la hipótesis de que una de las razones de la identificación de la idea de España con el franquismo por parte de la gran mayoría de la “izquierda” española se debe, en gran medida, a la ausencia histórica de la construcción teórica de un marxismo netamente español y, por extensión, en español, que permita analizar no solo el desarrollo del modo de producción capitalista en España sino toda la Historia anterior al capitalismo en nuestra nación. Ello implica, sin duda, analizar el Imperio Español desde las coordenadas materialistas de Marx, cosa que él hizo en buena parte, y sobre la cual se debería continuar trabajando. 

Algunos afirman, erróneamente, que el marxismo es una “ciencia” y que, por ello, no puede adaptarse a la idiosincrasia de cada nación. Pero ambas cosas son falsas. El marxismo no es una ciencia, es un sistema filosófico que bebe de las ciencias realmente existentes para desarrollarse, en todo caso, Marx pretendió apoyarse en ellas para superar el socialismo llamado por él “utópico”, pero sin negar sus logros, y avanzar a un socialismo “científico”. En otras palabras, crear un socialismo cuya construcción sea plausible partiendo de lo real y superándolo, hasta llegar al comunismo, situación en la que ya sería imposible volverá las relaciones sociales presocialistas. 

Lo segundo es falso porque el marxismo solo ha triunfado donde se ha hecho plenamente nacional, es decir, donde, como afirma Doménico Losurdo, la causa socialista y comunista han tenido una profunda resonancia nacional, donde el internacionalismo político (que no étnico ni fraccionario), partiendo del Estado-nación realmente existente, ha sido profundamente nacional. Solo ahí los comunistas han podido vencer el ataque de quien quería derrocarlos del poder y conservarlo. Para poder llegar a esta situación en España, primero es necesario construir un marxismo netamente español, que nunca ha existido, sin negar las aportaciones valiosas que, en materias puntuales, han desarrollado algunos en materia económica, filosófica, antropológica, sociocultural, etc... 

Para construirlo, es necesario superar los doce obstáculos históricos que, a mi juicio, han impedido dicha construcción, los cuales señalo en el libro: acabar con la Leyenda Negra antiespañola, que provoca endofobia entre nuestros izquierdistas; acabar con el peso político, cultural y educativo del krausismo, que impidió la entrada de Hegel en España por la “izquierda”, y que ahora es posible partiendo del materialismo filosófico de Gustavo Bueno, que recoge tanto a Hegel como a Marx y los entreteje con las tradiciones filosóficas netamente españolas del pasado; estudiar detenidamente los textos de Marx y Engels sobre España, traducidos por completo y bien solo desde 1998; triturar la influencia anarquista, antiestatista, en nuestros izquierdistas, diluida en otras tradiciones que nada tienen que ver con aquella; acabar con la influencia austromarxista en nuestros izquierdistas; destruir la socialdemocracia, tanto de Izquierda Unida como de Podemos, que impide construir un movimiento obrero revolucionario; disociar para siempre la idea de España del franquismo, analizando críticamente aquel periodo de la historia de España desde el materialismo histórico; denunciar la acción conspiradora que ejerció el Congreso por la Libertad de la Cultura contra nuestro país, y que hoy continúan las instituciones globalistas como Open Society, que buscan perpetuar el capitalismo liberal progresista a costa de la soberanía nacional y del bienestar de los trabajadores; arrinconar para siempre el legado eurocomunista del PCE; criticar el europeísmo, el atlantismo y la Leyenda Rosa de la Transición que preparó el terreno a ambos fenómenos; retomar las ideas nacionales de Rosa Luxemburgo, más adaptables al mundo ya postcolonial en que vivimos y sin Imperios multiétnicos y multirreligiosos en Europa oriental, más aún tras la caída de la URSS y de Yugoslavia; y destruir el postmodernismo de la izquierda indefinida. Como verás es una labor titánica, pero no queda otro camino.

El marxismo y la cuestión nacional española. Uno de los libros más influentes de Santiago Armesilla.


P- Desde el independentismo, tanto vasco como catalán (entre otros), se alude a la defensa de la identidad propia frente a un movimiento centrípeto madrileño. Esto implicaría denominar  “minorías” a estos grupos. ¿Estas “minorías” se constituyen en etnia, con una cultura propia e historia propia? ¿cuáles son los rasgos culturales que cohesionan a estas minorías? ¿podríamos hablar que en el caso español, los nacionalismos periféricos están constituidos únicamente de comunidades de habla diferenciada?

R- Que exista un movimiento nacionalista no implica que haya nación. De hecho, este es el argumento de los secesionistas contra España, pues tachan de nacionalista español a todo aquel que defienda la nación española, aunque nieguen que esta exista. La diferencia es que en origen, en curso y en cuerpo, el nacionalismo español es político, surge durante los primeros cinco periodos revolucionarios liberales que Marx y Engels constatan en sus escritos sobre España (Guerra antifrancesa, Trienio Liberal, Primera Guerra Carlista, Vicalvarada y Sexenio Democrático), mientras que los secesionismos catalán, vasco, gallego, etc., son étnicos, en tanto que reivindican una “cultura”, basada en la lengua pero, a su vez, firmemente unida a conceptos raciales y racistas.Esto a pesar del papel de regalo izquierdista y democrático con que lo han envuelto siempre. 

Es falso identificar el nacionalismo español con la “derecha”, por mucho que el franquismo se apropiara de la idea de España, que la “izquierda” ha regalado porque les gusta ser eternos subcampeones, y así no equivocarse nunca. En los secesionismos encontramos derecha, extrema derecha e izquierda indefinida fundamentalmente. Es más, creo que ni siquiera deberían ser llamados nacionalismos estos secesionismos, aunque reivindiquen una supuesta nación inexistente, y su proyecto sea el de construir, como diría Bueno, una nación fraccionaria partiendo de una nación política canónica como la española. Las regiones de las cuales buscan secesionarse, expropiando al resto de españoles su derecho absoluto sobre esos territorios, que también son nuestros, incluidos los españoles de esas regiones que quieren seguir formando parte de España, no han sido jamás naciones. Por tanto, llamarles nacionalistas es una impostura. Llamémosles por lo que son: secesionistas, separatistas, neofeudalistas. Pero no nacionalistas. El nacionalismo, propiamente hablando, solo es aquel que reivindica una nación realmente existente, es decir, un Estado-nación. Todo lo demás es etnicismo. El nacionalismo italiano y el alemán solo fueron reales cuando se unificaron Italia y Alemania. Antes solo eran irredentismos, integracionismos, pero realmente no nacionalismos. Las naciones surgen con el Estado, no antes de él.

"El catalanismo no es nacionalista, es neofeudalista"


P- Tanto Lenin como Stalin, entre otros teóricos de la izquierda marxista reivindican la supuesta autodeterminación de los pueblos a la que se acogen la izquierda nacionalista periférica en España. Sin embargo, en paralelo, el socialismo propone el centralismo democrático. ¿Es aplicable la autodeterminación únicamente al contexto imperialista donde escriben estos autores?

R- Lenin y Stalin solo vieron viable la autodeterminación para las colonias de Asia, África y América, y para las que poseían los Imperios multiétnicos y multirreligiosos de Europa oriental: Imperio Ruso, Imperio Austrohúngaro e Imperio Otomano. Tres Imperios que, tras la Primera Guerra Mundial, desaparecieron. Lenin y Stalin, partiendo de Marx, solo admitieron la autodeterminación para Irlanda, colonia del Imperio Británico. También para Noruega, colonia de Suecia tras el Congreso de Viena de 1815. Posteriormente a que ambos escribieran sobre esto, si Lenin quiso extender la cuestión era porque veía inevitable una revolución obrera mundial, y entendía que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas era el preludio de una federación universal de pueblos en el socialismo. La historia no le dio la razón a Lenin, y de ahí el necesario repliegue de Stalin denominado “socialismo en un solo país”, que en el fondo no era sino el proyecto de convertir la URSS de 1924 en una superpotencia mundial desde la que influir en la construcción del socialismo en otros Estados. De ahí la labor de la Komintern, que cometió muchos errores por cierto, como hacer virar al PCE en España hacia la defensa de la autodeterminación de Cataluña, Galicia y País Vasco, error que, caída la URSS, seguimos pagando. 

Muchos no entienden todavía que ese fue uno de los motivos por los cuales el bando segundorrepublicano perdió la Guerra Civil Española. En política, como en la vida en general, la verdad de toda acción se mide no por sus intenciones, sino por sus resultados. El resultado de aplicar la autodeterminación a los países comunistas significó la balcanización de Yugoslavia, de la URSS, de Checoslovaquia y de Etiopía, que perdió Eritrea y se quedó sin salida al mar. Una absoluta catástrofe geopolítica. El resultado, en España, de que exista una “izquierda comunista” que defienda modelos federales, confederales, plucinacionales y la defensa de la autodeterminación de las regiones, conlleva solo dos cosas: convertirse en el amante pasivo del secesionismo, y conseguir el desprecio más absoluto por parte de la inmensa mayoría de los trabajadores. Y, por tanto, no gobernar nunca, no realizar la revolución nunca. Aunque esta gente, en realidad, nunca ha querido la revolución. Solo quieren mantener chiringuitos pequeños y poner y quitar carnets en base a la idea de España que se tenga.


Territorios de habla hispanoportuguesa.


P- Es muy crítico con el federalismo que proponen otros partidos. En la aplicación práctica al caso español, ¿cómo resolvería un marxismo hispánico la cuestión territorial?

R- Aplicando lo que dice el marxismo: República Unitaria Centralista e Indivisible. República Democrática (dictadura revolucionaria del proletariado) sin separatismos. Con todo lo que conlleva, también en materia de enseñanza de Historia, por ejemplo.

P- En cuanto a la Unión Europea, abandonarla conllevaría recuperar la soberanía nacional pero también perder capacidad de influencia internacional. ¿Es posible desde el marxismo apostar por reformar la Unión Europea y construir un modelo político unitario? ¿Es el Spexit deseable y/o viable?

R- La Unión Europea tendría que convertirse en un Estado-nación único para que tuviese sentido utilizarla para la construcción del socialismo, y eso requiere que la UE hable un único idioma (¿alemán? ¿inglés? ¿ruso, que es el idioma más hablado de Europa? ¿esperanto?), y eso requiere siglos para realizarse. España tiene una alternativa geopolítica en la Iberofonía, el mundo hispano-luso, dos lenguas universales mutuamente comprensibles, que comprende a más de 800 millones de personas repartidos en más de 30 Estados de los cinco continentes. Más fácil de unificar en tanto que hay mayores similitides lingüísticas, culturales e históricas, sin negar su variedad. Por eso es tan necesaria la construcción de un marxismo netamente español que acabe con las doce causas que impidieron su construcción y que cité en la primera respuesta. Lo más difícil ya está hecho, la Iberofonía existe. Ahora construyamos un marxismo netamente en español para caminar hacia un Paniberismo Socialista.



P- El iberismo es una de las soluciones políticas que se plantean para resolver la cuestión territorial. ¿Las influencias geopolíticas harían descarrilar este proyecto político? ¿Cree que hay un sentimiento de cierta predisposición social a una unión política?

R- Hay un porcentaje alto de la población en Portugal y en España que estaría de acuerdo, pero dentro del iberismo hay corrientes balcanizantes, federalistas, confederalistas y secesionistas antiespañolas. En el paniberismo, por el contrario, se respetaría la soberanía nacional de cada Estado iberófono, su integridad territorial y su independencia respecto de los demás. Nunca se ha planteado paniberismo alguno que busque balcanizar las naciones políticas panibéricas. El iberismo solo tiene sentido como episodio del paniberismo. Y antes de confraternizar con Portugal, a la cual hay que respetar en su independencia y soberanía, hay que resolver los problemas internos de España.

P-En cuanto a la Constitución Española de 1978, desde el punto de vista analítico ¿es correcto hablar de “nación de naciones” en España? ¿Es la nación política española la única existente en el territorio español?

R- La nación política española es la única existente en el territorio español. No hay más. El problema es que el artículo 2 de la Constitución Española de 1978 reconoce nacionalidades sin decir cuáles son ni de qué tipo (una nación política española compuesta por diversas etnias podría ser una solución en su día, pero ya ni siquiera son etnias diferenciadas las regiones con movimientos separatistas, las cuales solo se diferencian del resto por tener movimientos secesionistas amamantados por PP y, sobre todo Unidas Podemos y PSOE, con el único objetivo de gobernar desde Madrid). Y nacionalidad y nación son lo mismo. 

La Constitución Española de 1978 es el mejor aliado del secesionismo. Al no ver esto ni PP, ni PSOE, ni Unidad Podemos, ni Ciudadanos, ni Vox, todos estos partidos se convierten en cómplices necesarios de la balcanización de España, por su constitucionalismo. Otra cuestión es que, dentro de lo malo, algunos de estos partidos sean más enérgicos contra el secesionismo. Pero solo tratan de aguantar para mantener, algo más de tiempo, la unidad de España, cuyo mayor peligro es su disolución en la Unión Europea.



Pedro Sánchez (PSOE) y Santiago Carrillo (PCE) engalanados con los símbolos patrios


P-Algunos intelectuales (como Ernesto Alba del PCE-A) y periodistas (entre los cuales encontramos por ejemplo a Carme Chaparro, Pablo Linde, David Moreno…) parecen estar haciendo campaña a favor de la implantación de un sentimiento patriótico de izquierdas, el cual parece tener acogida, ya que la resignificación de la bandera copa el debate en redes sociales ¿tiene potencial esta izquierda patriótica para convertirse en un movimiento influyente en el futuro?

R- El tiempo lo dirá. Se trata de acciones encomiables, pero lo arduo no es solo construir una “izquierda patriótica”, que para eso ya existía UPyD, que era un partido socialdemócrata que se lo cargaron solo porque empezó a encabezar denuncias judiciales contra PP y PSOE. Aparte, fueron tachados, injustamente, de “extrema derecha” solo por oponerse al secesionismo. Ese partido es historia, y su recorrido demuestra que no basta con construir una “izquierda española”. El trabajo que hay que hacer es desde los cimientos. Primero la cartografía (la construcción teórica), luego los barcos (el Partido) y por último la navegación (la toma del poder, que obligará a modificar cosas de los barcos y de la construcción teórica).

miércoles, 27 de mayo de 2020

Una entrevista proscrita: Jordi Garriga

Esta es una de esas entrevistas que comúnmente no suelen aparecer en los grandes tabloides de nuestro país. Su lectura produce la embriagante sensación de regocijo, similar a la de un crío que se come todas las galletas cuando su madre está ausente. Más allá de identificarse con ellas o no, las ideas que aquí se expresan mantienen el exotismo inherente a lo poco común, a lo desplazado fuera del limes permitido. 



Y tiene su lógica la categoría de proscrito para Jordi Garriga. Imagínense alguien que se declara abiertamente 'antiliberal', en una sociedad como la nuestra, que ha sido edificada bajo los principios del liberalismo. En esa lucha consciente contra el Leviatán encontramos a nuestro entrevistado, combatiendo desde la filosofía. A Jordi Garriga su compromiso social lo ha empujado a investigar nuestra historia . Para el público común, ensimismado y amante de la libertad individual, sus obras supondrán un rompecabezas, difícil de encasillar en los antiguos moldes políticos europeos de izquierda o derecha. Será que quizás encajen mejor en el 'populismo integral'  que se pregona más allá de los Urales, donde suena una balalaika entre grandes pinos nevados.

Jordi Garriga en sus redes sociales.

Quizás ese sea el atractivo añadido de esta entrevista, pues a la misma vez que construye un análisis a los problemas de nuestro tiempo y nuestro país, deja un goteo constante casi imperceptible pero efectivo contra nuestros tradicionales valores liberales. Jordi Garriga supone un azote punzante, cuyas frecuentes sentencias polémicas contrastan con una lucidez al alcance de pocos. Su eclecticismo es el de un hombre libre que no ha utilizado la política para vivir, sino su vida para la política. Quizás esa honradez del activista convencido, es la causante y la inspiración de su último artículo en Mediterráneo Digital, donde honestamente alaba al ex-secretario comunista Julio Anguita, aún no siendo precisamente Anguita correligionario suyo.

Sin ánimo de enturbiar y acallar a nuestro entrevistado, os dejo con él para que saquéis vuestras propias conclusiones:


P. Empecemos por lo que irremediablemente debe ser el principio: cuando hablamos de España, ¿hablamos de una nación o de un estado de naciones?
R. España es una nación. Los separatistas mienten porque reclaman un retorno al feudalismo como algo nacional, cuando no lo es. El separatismo en los actuales Estados europeos no es más que neofeudalismo, en el sentido de que su único afán es reforzar poderes locales, muy locales, incitando a la defensa de señas de identidad que, a día de hoy, no son los Estados nacionales europeos los que las amenazan, sino la globalización contra la que no dicen palabra alguna. Es una nación porque ya desde la Geografía de Estrabón se nos considera algo unitario, ya la Reconquista es el intento de restauración del reino hispano-visigodo, luego de la cual fuimos el primer Estado moderno de Europa. ¿Diferencias culturales? Eso es algo natural, no político.



P. La constitución española afirma la existencia de naciones dentro de la nación española, ¿es esto una contradicción terminológica? ¿cómo solucionaría usted el debate? 
R. Eso fue un arreglo de la época, que desmiente la mitología separatista acerca de la confección de la Constitución, hecha según ellos bajo la amenaza de los malvados franquistas agazapados en la eterna España dictatorial… Fue un arreglo que se supuso sin consecuencias, tal como se suponía sin consecuencias el derecho de autodeterminación en las constituciones de la URSS y Yugoslavia, que fue un adorno bonito mientras el Partido comunista estuvo al mando. Luego, simplemente sirvió como bomba de relojería para destruir ambos Estados. Para el caso español es otra bomba de relojería, pues no puede haber naciones dentro de otra nación, aparte de que no especifica qué nacionalidades son esas, luego cualquier región o comarca, usando algún legajo medieval, requerirá su reconocimiento, luego privilegios: la destrucción de la ciudadanía en suma.

El debate se soluciona con una reforma constitucional, que si no se realiza es por los intereses mutuos entre las diversas facciones, claramente neofeudales, que integran la llamada "Casta". Hay un equilibrio que mantener y de momento les funciona.



P. Usted admite una inquina entre la izquierda contra España, ¿a qué se lo achaca? ¿es reversible? ¿Es generacional? 
R. Como observador externo de la izquierda, creo ver una evolución en paralelo de dos mitos: por un lado la asimilación de la cultura franquista que identificaba al Estado de quiénes vencieron en 1939 con la "verdadera España" (ellos confeccionaron el término “antiEspaña"). Por el otro, el triunfo del internacionalismo y de las luchas de liberación nacional de los 60's, ya no en el sentido de solidaridad entre naciones, sino de lucha global contra la opresión y de diferenciación entre naciones oprimidas y opresoras, entre atrasadas y desarrolladas, entre víctimas y verdugos. Lo curioso es que precisamente fue esa idea la que estuvo en la base de los fascismos de la primera mitad del siglo XX. Y por ello España debía avergonzarse de su antiguo imperio, y reconocer a las naciones oprimidas en su interior.

No es reversible, ya que la izquierda actual se halla embarcada plenamente en la construcción del mundo global sin fronteras, repleto de micro-naciones incapaces de hacer frente al brazo armado de las instituciones planetarias, donde la realización individual debe pasar por tener una identidad líquida, luego tener una patria es un acto retrógrado: seguirá fomentando la destrucción de las existentes y, cuando se formen nuevas, vindicará su destrucción nuevamente.

Ignoro cuál es la tendencia entre la juventud de izquierda o que se considera de izquierda, aunque veo que hay de todo. Los comunistas que yo llamo viejos arrastran desde hace 50 años un complejo de culpa irresoluble entre sus sentimientos y lo que el PCE fomentaba en el discurso oficial. Cuando en Cataluña hablaban en asambleas, muchos se veían obligados a disculparse por no hablar en catalán, ahí se vio la tendencia que no ha hecho más que empeorar.


Soldado Peshmerga kurdo en Siria


P. Los países occidentales reniegan de la etnicidad como elemento fundacional y legitimante de sus estados. Sin embargo, apoyan sin mesura la autodeterminación estatal de pueblos étnicos, como por ejemplo el Kurdistán o Palestina. ¿Cómo se relaciona esta contradicción? ¿todos los pueblos étnicos deben tener su propio estado? ¿qué ocurre con los territorios donde conviven diferentes poblaciones? 
R. Esa es ciertamente una grave contradicción. La excusa es que dentro de un Estado “democrático” sí que serían libres y respetados, pero al tratarse de un país dictatorial según los estándares globalistas, son la excusa perfecta para destruirlos, tal como pasó en Kosovo en 1999, cuando Serbia fue bombardeada alegando un presunto genocidio.

La cuestión étnica es una cuestión materialista, biológica. Y eso pertenece al terreno de la naturaleza, de la ciencia, no de la política. En Europa no hay ni una sola nación “pura” si se admitiese el compartimento estanco como medida de valoración: una lengua, una raza, un territorio, una cultura. Creo que solo se salva Islandia y ello por su lejanía. En Paría hay más corsos que en Córcega, entonces… ¿Dónde está Córcega? La cuestión étnica es una eterna matrioshka.

Si en un mismo territorio conviven diferentes poblaciones, entendiendo a éstas como de origen radicalmente diverso, hay un grave problema que debe resolverse con el tiempo. Si no se resuelve, tenemos algo parecido a los Balcanes, con disputas ya milenarias sin solución alguna. En el caso de España, ello se resolvió mediante las expulsiones, las conversiones y la Inquisición. En el resto de países de Europa, también. Nadie de nosotros recuerda si sus antepasados fueron romanos, godos, bereberes… El multiculturalismo destruye a las naciones por dentro, pues es signo de inestabilidad constante.




P. En sus artículos usted aboga por recuperar la soberanía nacional frente a las organizaciones supranacionales, como por ejemplo la Unión Europea. ¿Contempla que el papel de España en la arena internacional pueda depreciarse mediante la salida de la Unión Europea? ¿Por qué no considera a la Unión Europea una herramienta con potencial para la impugnación del modelo neoliberal?
R. Yo soy europeísta. Mis ideas respecto a lo que es una nación me imponen a considerar a Europa como la nación del futuro y las estructuras de la UE lamentablemente están orientadas a hacer del continente un mero mercado al aire libre, sin soberanía política firme ante los retos que se avecinan. Apuesto en estos momentos por una escalada revolucionaria contra una idea abstracta de Europa, dirigida a destruir su diversidad para ser una región más del One World. La actual UE se refleja en el espejo estadounidense, donde se llama Estados a cuadrículas sin identidad, donde la moral capitalista es la religión y donde el pasado se olvida por completo o se odia directamente, tal y como ellos hicieron al cruzar el océano.



P. Hay un conflicto abierto entre los intereses de las distintas regiones de la Unión Europea. ¿El grupo de Visegrado puede haber sido el precedente para la conformación de un grupo de países mediterráneos con intereses comunes dentro de la Unión Europea?
R. Es una lucha de clases entre el norte y el sur, eso está claro. Y ciertamente, la unión hace la fuerza, por lo que ese tipo de unión lo veo deseable. Lo triste es ver que no existe voluntad política alguna. Nuestros políticos son unos meros funcionarios encantados de cumplir con un papel de mayordomos, y más cuando sus actuaciones apenas tienen consecuencias para ellos.




P. La crisis del coronavirus ha puesto en riesgo la solidaridad europea. Uno de los países que más nos ha apoyado institucionalmente es Portugal, un país con el cual el 65% de los españoles (según Electomanía) estaría dispuesto a unirse. ¿Cree que es factible? ¿le parece beneficioso para España? ¿podría esto generar la superación de la problemática territorial e identitaria española?
R. El iberismo es un viejo sueño por el que a mí también me gustaría apostar. Y sería el caso en el cual un Estado federal está totalmente justificado, ya que se federa para unir y no como en el caso autonómico, que se federa para romper. Ello sería factible mediante, una vez más, la voluntad política de unos cuantos. El problema surge porque la UE no lo admitiría, no dejaría que se crease una entidad estatal fuerte con posibilidades incluso de caminar sola si se diera la circunstancia. 

La problemática territorial española es una cuestión feudal como he señalado antes. E incluso podría agravarla, pues dependiendo del estatus que se acordase a las partes, seguramente veríamos a muchos aspirantes a ser como Portugal entre las actuales autonomías…



P. La transferencia de competencias hacia las Comunidades Autónomas no para de crecer. ¿Es concebible a medio plazo un cambio territorial hacia el federalismo, o incluso el confederalismo?
R. El federalismo es un hecho ya en España, cuyas “autonomías” poseen más soberanía que Escocia y más capacidad fiscal que cualquier “Land” alemán… El sueño húmedo de todo separatista en España es poseer todas las ventajas de la soberanía sin ninguno de los inconvenientes. Por eso son tan partidarios de la UE y por eso nunca la abandonarían, ya que, como buenos feudales, les estará bien que de la moneda y el ejército se ocupe un señor lejano que no mire mucho cuánto y como se llenan los bolsillos en su territorio particular… Confederación sí, pero de España y en brazos de la globalización.



P. Algunas veces las tendencias republicanas en España impugnan la bandera española en razón del sistema político. Sin embargo, la Constitución Española de 1978 es bastante más garantista democráticamente que la propia Segunda República. Siendo una mera disputa de símbolos, ¿la sustitución de los emblemas patrios (bandera, escudo…) puede ser una solución para reavivar la cohesión patriótica, la integridad territorial e identitaria?
R. El mero hecho de que esto sea un problema real y de que genere interminables debates, es una demostración empírica de la importancia de los símbolos. En este caso, tanto da que la bandera rojigualda esté avalada por una constitución liberal democrática: es la bandera que llevaban los franquistas, los vencedores de 1939, los representantes de la eterna España… La emotividad, la identificación con unos colores, forman parte de nuestro ADN como especie. Una sustitución de colores sería una sustitución de ofendidos, sería una deslocalización del odio y, lo que es peor, no haría a la izquierda más patriota tras décadas y décadas de discursos contra las fronteras y humanismo abstracto multicultural.




P. Asegura usted que la familia está siendo socavada por el neoliberalismo y a punto de extinguirse tal y como la conocemos. Frente a la imposibilidad de la preservación de la familia en las formas nuclear tradicional, el feminismo proporciona un nuevo reparto de roles y tareas. ¿Puede ayudar la igualdad de género que pregona el feminismo a mantener la familia y con ello mantener una tasa de natalidad acorde a las necesidades del Estado?
R. Creo que nunca he afirmado que vaya a desaparecer, sino que en el mundo moderno es un estorbo, ya que la moral capitalista se escandaliza ante la pérdida de energía que representa un hogar, donde uno de sus miembros no participaba del desarrollo económico y donde se gastaba tiempo y dinero en la crianza de los hijos, por lo que se ha privilegiado la explotación igualitaria de los dos cónyuges (y por eso ahora tanto da que sean hombre o mujer ambos) y preferentemente que no tengan hijos sino mascotas. Para el relevo generacional es más barato importar personas desesperadas de la periferia, cuya crianza ha salido gratis y estarán agradecidos de ser esclavos. 

El feminismo posmoderno ha caído en el delirio de la igualdad biológica contra natura. Y esto no es político. El feminismo primitivo se alzó para igualar políticamente a la mujer en las sociedades occidentales, donde el estándar de vida y los adelantos técnicos hicieron posible aquello: sin electricidad, no habría feminismo. En cambio, el feminismo actual se desliza hacia el supremacismo cromosómico-hormonal, donde una especie de calvinismo genético determina la calidad humana de sus portadores. Es lo que sucede cuando toda buena idea se lleva al extremo.


Antaño, tener muchos hijos era fundamental para sobrevivir. Hoy, incluso es un estorbo, luego la gente actúa en consecuencia (hasta que la realidad rompa de nuevo la burbuja).

¡Sí a la Superliga Europea! Una justificación desde la Sociología.

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