“Los abogados de mis editores me disuadieron de publicar aquel reportaje, ni siquiera como biografía no autorizada. En un proceso judicial, yo tenía las de perder. Decidí entonces transformar los materiales que había acumulado en una novela”.
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Antonio J. Rodríguez, nacido en 1987. |
Advertidos estamos desde el comienzo, esta no será una novela al uso. Se nos presenta como biografía apócrifa que entremezclará elementos reales con recreaciones de ficción. Dirigida principalmente a un público conocedor de la temática política, la novela obsesionará al lector con adivinar quién o quiénes son los personajes que se presentan en la novela. Este ‘cluedo’ hace que el lector se implique de sobremanera, buscando relaciones fantasmales, con las que el autor obsesionará a su público. Aparecen ciertas referencias que pudieran ayudarnos a tal, pero desde la ambigüedad con las que se presentan no confirman ni corroboran las sospechas y todas parecen infundadas. Estoy convencido de que fueron conscientemente seleccionados toda esa serie de señuelos donde podemos ver, por ejemplo, referencias abundantes a estupefacientes, a la jovialidad de los candidatos políticos o el infrecuente apellido Herzog, en uno de los personajes secundarios.
A esta
implicación del lector por descubrir las alegorías escondidas, podemos añadirle
una narración trepidantemente rápida. Desprovista del pomposeo que acompaña
frecuentemente a los escritores jóvenes, ‘Candidato’ no está carente de
reflexión. Creo firmemente, que engarza con la tragedia griega clásica. Su
división en tres partes, corresponde a la estructura tripartita de la tragedia
griega. Así también lo es su temática, la cual desde un comienzo nos muestra un
personaje principal, que irremediablemente se conduce a la fatalidad. Este
inevitable desastre es dispuesto premonitoriamente por los dioses, que por las
características del personaje principal, se encarnan en el ego del mismo
protagonista, cuyo narcisismo es abrumante y se refiere en ocasiones a sí mismo
como una “escultura griega” (¿otra pista de su relación con el género de
Sófocles?).
El personaje principal
es Simón Soria, quien no llega a los cuarenta y luce un físico atlético, que en
combinación con sus grandes dotes oratorias podríamos compararlo con cierto exdirigente
de un partido naranja. Debido a un enorme ego y narcisismo, se ve invadido por
la desidia y el aburrimiento de una vida plagada de monotonía. Sus expectativas
vitales se ven frustradas, a pesar de encontrarse en un placentero lugar como
profesor universitario. En el ámbito amoroso tampoco encuentra motivos para la satisfacción,
pues su vida marital con Elia, forzada por la apatía, desemboca en una ruptura
irremediable. En el ámbito académico, sus ideas se oponen al keynesianismo
predominante en su Departamento de Ciencias Políticas. Definitivamente, su
ambición y éxito parecen haber tocado techo: dar clase a unos alumnos
desinteresados y a los que aborrece, donde predomina la mediocridad, entre tuppers
en bolsas de plástico.
Sin embargo, en
esa semioscuridad y tragedia interna, el desasosiego encuentra una válvula de
escape: el principal partido del centro-derecha español le llama a filas como
asesor para refundar el partido y dar armazón teórico a sus postulados. Quieren
instaurar en España el liberalismo de corte angloamericano. Experto en Raymond Aron,
Simón Soria es el hombre. Entra así en política con un fin, y se autoconfirma a
sí mismo: “puedo volver a la Facultad cuando desee, si entro en conflicto con
mi ética, abandonaré esto”. Parece tajante. En realidad, encontramos en esta
actitud una alegoría que actúa como radiografía pretendida de aquellos
militantes de aluvión que entraron en política tras la crisis de 2008 y sintieron
en que el contexto era el propicio para preguntarse: ¿por qué no cambiar la
política desde dentro? ¿por qué no ser la generación que cambiará hacia una
política de la moralidad? Y nuestro novelista nos advierte: la corrupción está
en el sistema, pero el sistema es el hombre.
El pesimismo desaforado
que exhuma el libro se mezcla indefectiblemente con un panorama actual de la
política española que nos invita a reflexionar: ¿cuánto de realismo tiene ese
pesimismo? Escisiones tras escisiones, barones y baronesas contra secretarías
de partido, defensa de la corrupción como mal menor y la política como un show,
donde ganan diferentes, pero pierden los mismos. Donde la ilusión es lo que
vende el político a cambio de la moneda del voto.
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La serie 'Baron Noir'. |
La vigorosidad del género político desde una perspectiva deprimente y pesimista es obvia. Y quizás desde la perspectiva española, esta novela es el reflejo del ánimo y del sentir generalizado de apatía y desafección política. Es un grito, el de una generación azotada económicamente y desilusionada políticamente, que busca a la desesperada, un retazo de ilusión y una chispa de originalidad a la hora de depositar su voto. Sin querer, Antonio J. Rodríguez, autor de la novela, hace un ensayo de las razones del voto excéntrico y del voto anti, y del por qué las masas obreras están en peligro de ser captadas por la derecha.
Imperdible, trepidante
y entretenida. Rápida pero reflexiva. Una novela para leer rápido y pensar
lento después. Altamente recomendable para los amantes de la política, para estudiantes
universitarios, y para todo aquel que viva el politiqueo en sus carnes, pues
verá reflejados a modo de parodia, muchos personajes arquetípicos. Con ‘Candidato’
nos sumergiremos en las tuberías de la traición y la contradicción, tanto de la
política como de la vida.
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'Candidato' (2019) de Antonio J. Rodríguez Editorial Litera Random House |